EL RESPETO POR LA AUTORIDAD

EL RESPETO POR  LA  AUTORIDAD

M:.M:. Edgard Peña Velásquez

Ven:. Maes:. de la Res:. Log:. Aquileo Parra Gómez No. 2



Todas las organizaciones humanas tienen como punto central del éxito en sus actividades, el principio de autoridad. Desde la cuna se percibe un factor generador de protección, orientación, formación y enseñanza, que se personifica en la figura de los padres, quienes van infundiendo en el neonato la necesidad de acatar patrones de comportamiento que irán dándole paulatinamente las señales de cómo subsistir y ganar seguridad en las diferentes situaciones que se presentan a manera de conflicto al nuevo ser.  En la medida que evoluciona la creatura, el contenido de autoridad  se irá perfilando con mayor énfasis en la medida que se hace necesario canalizar los comportamientos que señalen pequeñas desviaciones  del acertado proceder, hasta hacer tránsito a los educadores, quienes contarán con mayores elementos de disuasión y coerción para elaborar en el educando las respuestas que lo capaciten para el adecuado desempeño en comunidad. Sólo en la medida que se satisfaga el proceso de socialización, podrá augurarse que el ser en formación alcanzará el éxito.  Los ciudadanos que han asimilado el sometimiento a la autoridad, serán los mejores líderes en la medida que el desempeño de la autoridad en ellos encarnada, se ceñirá a los patrones de objetividad, racionalidad, inteligencia y proactividad.  Por el contrario, quienes hayan sido díscolos, no tendrán herramientas adecuadas para tener una certera vida de relación y mucho menos para ser depositarios de la autoridad.


En la empresa privada, como en los cuerpos castrenses, existen niveles de autoridad que descienden desde el gerente, el subgerente, los jefes de división, de grupo, hasta los menores  escalones de mando y ejecución. Lo propio en las distintas organizaciones que, de suyo, reclaman niveles de responsabilidad.  La Masonería no puede ser ajena a esta estructura; nuestras dignidades y oficialías se revisten de autoridad en similar forma que las estructuras profanas, pero dimensionada por la naturaleza de la autoridad que se ejerce por quienes somos primeros entre iguales y limitada a asegurar que la Obediencia cumpla los objetivos de servir, educar, dar, obedecer, comprender, transformar positivamente, en función de la inteligencia, la verdad, la virtud y la ciencia.  


Para el cabal cumplimiento de los compromisos masónicos, se requiere el trabajo personal y óptimo de todos los HH:.  realizado bajo la orientación de las autoridades de la Orden, a cuya vanguardia está, entre nosotros, el M:. Resp:. Gr:. Maes:. sin que importe su nombre. Ese importante cargo se desempeña rotativamente por los elegidos mediante la decisión democrática y legítima de los HH:. integrantes de la comunidad masónica.  En todo momento, y sin distingos de amistad o afecto,  hemos rendido la veneración que corresponde a quienes han sido titulares de tan meritoria función, hoy felizmente desempeñada por el Q:. H:. Álvaro Younes Arboleda, cuya versación en la teoría del conocimiento que nos une, se ve acompasada con su competencia profesional, su don de caballero justo, ecuánime, sereno, prudente y reflexivo. En él, como en sus antecesores y en los Ven:. Maes:. -portadores todos del mandato popular- hay un depósito de confianza de la confraternidad entera  del Or:. Colombiano, llamado a crecer en sus propósitos en la medida que las diferencias conceptuales, propias del ser inteligente, se canalicen en su más fértil potencialidad.


Repudiadas sean las voces de quienes, lejos del ideario masónico, optan por los caminos del comentario malintencionado,  sutil, anónimo y perverso; o de quienes se quedaron torpemente en la sana polarización que impone un debate electoral; o en la mezquindad de espíritus que rumean sin cesar la pobreza de sus bajos sentimientos. El tiempo pasa, nuestro compromiso con la historia se desvanece lenta y paulatinamente; no podemos ser ajenos al momento que nos corresponde. Hoy más que nunca, en medio de las dificultades que entraña la corrupción de muchos gobernantes, la diferencia de clases, los crecientes índices de pobreza y miseria, las hambrunas inhumanas de los pueblos, la inanición de nuestros compatriotas, todos los masones estamos llamados a aportar elementos de crecimiento para la solidaridad de nuestra Fraternidad, pero con la altura debida, con gallardía, con la polémica que el asunto demanda; por algo somos fundamentalmente dialécticos, pero no puede confundirse la controversia o censura con el chisme desafortunado, con la calumnia despiadada ni con la cobardía del impostor.