Reflexión Desde La Tumba

(Q:. H:. Gabriel Valbuena Hernández)

 

En la soledad de la yerta sepultura

cual simiente en el surco descompuesta,

mi alma inquieta añoraba en su clausura

alcanzar una existencia más honesta.

 

No ser huesos ni carne solamente,

sino ejemplo, antorcha, paradigma;

ser un astro de rayos refulgentes,

agua clara, criatura noble y digna.

 

Cavar fosos profundos a la envidia,

sepultar el vicio, el odio y la mentira,

controlar la voluntad, vencer la ira

y combatir sin tregua la desidia.

 

Tener una existencia laboriosa,

construir un altar a las virtudes,

ser la nota musical de los laudes

que interpretan el himno de la vida.

 

Brindar a los demás nuestra ternura,

ser solidarios, justos, tolerantes,

caballeros de yelmo y armadura

prestos a iluminar al ignorante.

 

Enemigos directos del oprobio,

adversarios jurados de la esclavitud,

intrépidos contrincantes de los odios

de la traición, la deslealtad y la ingratitud.

 

Al interior de esa bóveda oscura y tenebrosa

donde nada valen las monedas ni la gloria,

comprendí que aquí estamos para hacer historia

y que somos tan efímeros como pétalos de rosa.

 

Todo aquello que rodeaba mis despojos

me enseñó muy crudamente estas verdades,

que lo han sido en todas las edades,

por designios del Delta vigilante.