Soneto A Mi Madre

(Q:.H:. Gabriel Valbuena Hernández)

 

Fue tu vientre mi fugaz Logia primera

sagrado remanso de paz y de ternura,

que amoroso anidó con gran dulzura

al masón que hoy trabaja en la cantera.

 

Pletórico de grandioso sentimiento,

tu noble corazón, cual fino arcano,

me enseñó a ver al hombre como hermano

y a dar a todos el mismo tratamiento.

 

Tu me diste la luz, clara y fulgente,

y me enseñaste a ser recto y laborioso,

por ello, mi voz agradecida y reverente,

 

al pronunciar mujer, tu nombre hermoso,

se estremece y se quiebra fácilmente

como espiga en un invierno borrascoso.